Numerosas veces al día me da por ponerme a ver las noticias, o al menos, escucharlas, y me da la sensación de que este mundo cada vez está más podrido, y lo peor de todo, que no tiene ninguna solución. Casos de corrupción, asesinatos, ataques terroristas, guerras, suicidios. ¿Cuál es el sentido que tiene la vida, si no es otro que acabar con nosotros mismos? Es por eso por lo que a veces odio pensar tanto en las cosas.
La verdad es que la culpable de eso a veces es la música. Creo que fue ella la que me empezó a abrir la mente, poco a poco y cada vez con un cantante distinto. Aunque supongo que está bien eso de cuestionarte las cosas que pasan a tu alrededor. Así la humanidad ha llegado a donde está. Pero el problema de la música es que en ocasiones prefiero quedarme en esa "realidad", en la que soy feliz. O espera... ¿es una "realidad" ficticia?¿O de verdad existe ese estado de felicidad?
Es posible que mi vida se acabe y no llegue a conocer la felicidad máxima (quién sabe), pero tengo claro que si me preguntaran por el día más feliz de mi vida contestaría "El festival al que fui en Bilbao cuando tenía 16 años" y si me dieran la oportunidad de volver a repetirlo no me lo pensaría.
Recuerdo, y espero recordar siempre, que hace más de un año descubrí a un grupo que me hizo "cambiar" bastante, psicológicamente hablando, y gracias a ese grupo, conocí a mucha gente con la que me llevaba genial y me lo pasaba bien. Un año después, en Bilbao, a muchos de ellos les he podido dar un abrazo. Pero volviendo al festival, he de decir que nunca me había emocionado tanto algo. Porque ya no era solo que tenía a siete metros a unos artistas que admiraba. La verdadera cuestión era que estaba rodeada de gente como yo.
"The Hives" fueron el primer grupo que nos hizo saltar desde que se abrió ese día el recinto, y aunque muchos no nos sabíamos las letras de sus canciones, el alma se notaba mientras saltábamos. Y si The Hives nos dejaron sin aliento, cuando llegó "Green Day" (grupo por el cuál el 90% de los asistentes estábamos allí) se desató la locura.
Es bonito ver cómo la gente va a esos sitios a pasarlo bien y olvidarse del mundo que hay fuera. Y más bonito es ver cómo cuatro artistas son capaces de unir a tanta gente. En el fondo ya no se trata del grupo o el estilo de música que escuches. Lo que verdaderamente importa es lo feliz que te hace sentir cuando cantas, bailas y saltas al ritmo de esa música.
En aquel festival olía a sudor y alcohol, pero se respiraba también un ambiente de fiesta y emoción.
¿Hay algo mejor que escuchar cantar a cientos de personas una misma canción?¿O ver a tíos de 30 años emocionándose por una balada de amor? Está claro que la música une a las personas, supongo que para eso fue inventada.
En el fondo estoy empezando a pensar que tal vez el mundo no esté tan podrido.
-Idiot
P.D: Búscate un grupo que te haga saltar.